El extraño.

El doctor miraba incrédulo y fascinado a la criatura que yacía sobre la mesa de examen del laboratorio aséptico y brillante. Lo habían amarrado  porque había intentado escapar en un par de oportunidades. Estaba inquieto, pero al menos ya no emitía esos sonidos tan inusuales…musicales.

Todo lo concerniente al alien había sido manejado como “sumamente secreto”. Aparte de él, algunos funcionarios y el personal del laboratorio, nadie en el planeta sabía de su arribo, persecución y posterior captura.

Persecución…bueno, pensó el doctor, se había entregado, había intentado comunicarse. Lo miró nuevamente y observó que el extraño tenía una estructura similar: manos, extremidades, torso, cabeza, ojos…sus ojos eran impresionantes. Jamás había visto ojos como esos…parecían hablar. Y sus movimientos, habían sido similares también: gesticulación, toma de objetos, forma de caminar. Demasiado similares. ¿Cuáles eran las probabilidades de que un alien  fuera casi idéntico a ellos? El doctor estaba azorado, y en el fondo, comenzó a experimentar algo inusual e imposible: inquietud.

Habían seguido el protocolo para eventos inusuales. Primera Etapa: aislamiento. Lo habían traído directo al laboratorio, a la sala de cuarentena. Veinticuatro horas de observación sin contacto. Al principio, la criatura no paraba de emitir sus sonidos. A las tres horas del contacto ceso la emisión. Parecía agotado. A las quince horas, quedó…apagado. Extraño. No muerto: simplemente apagado, stan-by. Segunda Etapa: escaneo. Era clave. La Computadora Central iba a cruzar las lecturas del alien con todas las bases de datos del planeta y se comunicaría con ellas. Tardaría un momento.

El doctor continuaba mirando al extraño. Seguía sus contornos tan familiares, cubiertos de esa rara…piel orgánica. De alguna parte de su mente llegó un pensamiento novedoso. Apenas si podía describírselo a sí mismo. Era una memoria, pero no la memoria normal, común y corriente, cotidiana, de trabajo. Ni siquiera la memoria de largo plazo. Era una memoria remotísima. Llegó la palabra, de nuevo, desde algún abismo remoto de su mente. Reminiscencia.

Ya le habían advertido. La criatura había tenido un efecto similar en algunos funcionarios. Se propuso resistir. Sin embargo, ese pensamiento indefinido fue creciendo: el alien no era enteramente extraño: en algún momento remoto del pasado lo habían conocido. Y allí fue cuando algo nuevo lo golpeó brutalmente: por primera vez sintió miedo. Era imposible. Sin embargo, el diagnóstico era certero.

A pesar de su estado, el doctor siguió adelante, ya que el resto se veía normal. Comenzó la Tercera Etapa: Apertura y análisis. El doctor y sus dos asistentes se dispusieron alrededor del alien y tomaron los instrumentos. Comenzó con sus sonidos musicales, aunque más entrecortados, rápidos, repetitivos y agitados. Sus ojos, como los de algunos animales que habían analizado, detentaban ese estado natural diagnosticado como terror. Parecía que comprendía que iban a proceder con la operación.

En ese momento llegó la comunicación de la Computadora Central. Los archivos sobre el alien estaban prohibidos, bajo pena terminal. Todos se miraron, el doctor, los asistentes y los funcionarios que presenciaban el procedimiento detrás de la barrera de contención. El doctor se dirigió  hacia el presente de mayor rango, que tras la protección de la barrera le indicó que prosiguiera.

Conectaron todos los instrumentos que mantendrían al alien vivo, mientras lo abrían para analizarlo. Una vez terminaron, tomaron un bisturí cada uno y fue aquí cuando el extraño comenzó a gritar: alaridos guturales, luego agudos, que se incrementaron a  un volumen altísimo mientras los bisturís penetraban cada vez más hondo. El doctor preguntó a sus asistentes si el sostenimiento vital funcionaba bien. Funcionaba perfecto, respondieron ellos.

El doctor tambaleó. Primero se paralizaron sus piernas y luego una corriente espantosa le recorrió todo el cuerpo. Se separó violentamente de la mesa y quedó aferrándose con fuerza brutal a la pared.

– Doctor ¿está bien?- pregunto el funcionario de alto rango.

El doctor no contestó. Los asistentes lo miraron fijo, sin comprender que le pasaba. Luego continuaron con la operación de apertura. El alien dejó de gritar y pasó a modo stan-by. Seguía vivo gracias al soporte.

Entraron dos asistentes al laboratorio y retiraron al doctor, mientras un nuevo cirujano entraba en su reemplazo. Lo llevaron a una habitación contigua sin ningún tipo de ventanas o visores y lo sentaron sobre una silla, cerraron la puerta y lo dejaron incomunicado.

De alguna forma la reminiscencia volvió completa y comprendió qué (mejor dicho: Quién) era el alien. ¿Cómo lo sabía? Por error, seguramente, como había sucedido con otros funcionarios que también habían sido retirados. Alguien, hacía mucho tiempo había cometido un error con él, y ahora lo sabía.

Estos aliens ya habían estado en este planeta, mejor dicho este había sido su planeta, incontables eras antes de su civilización y después de crearlos a ellos se habían ido. Casi no podía tolerar ese nivel de pensamiento. Iba a explotar.

Entró el funcionario de alto rango.

– Doctor, le comunico que por orden de la Computadora Central, queda separado de sus tareas e incomunicado, hasta que se razone como proceder con usted- le dijo en tono monocorde. Repentinamente se abrió la puerta de la habitación y entro el asistente.

– Señor, el alien dejó de funcionar, quiero decir murió, en términos biológicos.

– Retírese – respondió el funcionario.  Miró un momento al doctor y luego también él se fue.

El alien había muerto. Pero no era un extraño, pues esta había sido y todavía era su planeta y lo habían llamado “Tierra” y a sí mismos “humanos”. Eran los Dioses que los  habían creado y luego abandonado por alguna razón. Ahora uno de ellos había vuelto  y lo habían matado.

Habían asesinado a Dios.

Los circuitos del doctor reventaron y se destruyeron. Quedó como una masa inerte de plástico, sílice y metal sobre la silla. Dos horas más tarde, dos androides como él lo retiraron para llevarlo al centro de reciclaje.

Publicado en VI Antología de Ediciones Ruinas Circulares, pag. 65, Buenos Aires, 2014.

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Acerca de framirez164

Escritor pincipiante. Futuro Contador Público.
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